«Mi única compañía de convivencia era un enjambre de murciélagos»
Polémico. Sarcástico. Imparcial. Luis Báez es un
escritor que de una u otra forma da mucho de qué hablar… Pero ¿quién es en
realidad?
Por Maynor
Xavier Cruz*
Sos un escritor nacido en los años ochenta. ¿Cómo
empezó tu pasión por la literatura?
Precisamente
el nacer en los ochenta determinó mucho mi acercamiento a la literatura. Mi
padre era hijo de Adolfo Báez Bone, un teniente de la G.N. que en 1947 decidió
permanecer fiel a la Constitución y rebelarse contra Somoza; eso lo llevó al
exilio y a la lucha política revolucionaria; años después, a su captura,
tortura, asesinato y desaparición. Mi padre, que tenía para entonces nueve
meses de nacido, sin conocerlo, heredó gran parte de esa conciencia política,
pero sobre todo un enorme sentido mítico de admiración por el sacrificio de su
padre. Mi papá, durante la primera mitad de los ochenta, acumuló una enorme
experiencia en educación popular como coordinador departamental de Managua de
la campaña de Alfabetización, y luego en el Vimeda [Viceministerio de Educación
de Adultos] de Fernando Cardenal. En el 85, ante la evidente corrupción moral y
política en que estaba degenerando la revolución y ante la intolerancia oficial
hacia cualquier crítica al sistema, mi padre entregó una carta al Vimeda que en
el acto lo convertía en un disidente, lo cual lo dejó en el desempleo durante
todo lo que duró la revolución. Un año después nací yo, en 1986. En el 88,
gracias a un préstamo hecho por un amigo de la familia, mis padres lograron
comprar una pequeña finca en las afueras de Jinotepe. Mi madre conservó su
empleo en el D.A.P. [Departamento de Agitación y Propaganda], pero mi padre se
quedó en la casa, por eso mi crianza estuvo a su cargo. En esos años, mi padre
se dedicó a cultivar hortalizas en la pequeña finca por las mañanas y a
venderlas en el mercado en un carretón de caballo por las tardes, también se
dedicó a criarme. Era un padre muy amoroso y dedicado, además un gran lector y
tenía un espíritu inquieto y rebelde.
En esa finquita no teníamos luz eléctrica, por
lo cual los primeros años de mi infancia estaban repletos de historias y
cuentos que el me contaba de forma oral. Yo no lo sabía entonces, pero esos
cuentos iban desde pasajes de las Mil y una noches, de los hermanos Grimm, de
Dickens, hasta pasajes sangrientos y heroicos de la historia nacional y la
historia familiar. Él podía armar una historia a partir de lo que fuera: de las
estrellas y constelaciones antojadizas que creábamos en el patio de la casa, de
las alas de las mariposas del patio, pintadas por Pérez de la Rocha, de la
expresión triste que tenía nuestro caballo algunas noches. Fui creciendo, y con
los 90 mi padre se reincorporó a la vida laboral tradicional, fue entonces que
se unió a la Fundación Libros para Niños. A partir de entonces, yo, podría
decir, vi crecer esa Fundación, a la que mi padre dedicaba alma y vida, como a
una pequeña hermanita. Viajaba con mi padre a ver los proyectos, pasaba metido
en los rincones de cuento, y a mis manos fue cayendo una buena variedad de
libros infantiles. Con la adolescencia, como es común, mis intereses se fueron
poblando de nuevos elementos, que más que alejarme de mi niñez, me hicieron
describir una amplia parábola.
Desde pequeño, tuve talento para el dibujo, y
pensé que a eso me podría dedicar. Sin embargo, en mi primera adolescencia me
metí a tratar de ser músico. Como suele pasar con el deplorable estado de
nuestras artes nacionales, acá cualquier mediocre sin talento puede posicionarse
y tener algún éxito en la escena que elija, y así logré armar una banda que se
pudo presentar durante varios años en los bares de moda de entonces. Sin
embargo, pese a mis deseos, admití que mi talento no era para la música. Rato
después ingresé en la Escuela de Bellas Artes, donde estudié Artes Plásticas.
Sin embargo, pese a sí tener talento para eso, tuve que abandonar esa
disciplina. Mi mente, no obstante, se fue moldeando para percibir material a
todo momento sobre el cual se pudiera hacer música o imágenes. Si sumás esas
dos cosas, tenés básicamente a un escritor. No sé cómo, pero de pronto escribí
algo.
Siempre fui un buen lector, por ende tenía
nociones básicas sobre cómo se escribía. Al escribir ese primer poema, en 2007,
comprendí, por primera vez, cuál sería mi pasión y vocación en adelante.
Tu padre tiene que ver mucho con tu escritura, ¿y tu
madre qué papel juega como influencia?
Es una pregunta muy justa…
Justo para vos…
Mi mamá, al menos hoy en día, es el
opuesto exacto a mi padre. Seguramente cuando se conocieron no fue así, pero
así fue la revolución: una época que logró poner en armonía a los espíritus más
diversos. Ellos se conocieron precisamente durante la campaña de
alfabetización. Mi mamá era la coordinadora en Las Segovias. Ellos se separaron
cuando yo tenía unos 8 años, y yo decidí seguir viviendo con mi papa. Mi mamá
es una mujer extremadamente pragmática, muy ordenada y responsable, muy
metódica y estructurada, de esas personas que parecen tener en orden y bajo
control hasta el último rincón de sus vidas, de una disciplina admirable. Todo
lo opuesto a mi padre, y yo, por suerte y desgracia, soy mucho como mi padre.
Pero por mayor suerte, el yang calzó en el yin y, si no puedo decir que heredé
ese sentido de orden, rigor y pragmatismo en mi vida, al menos si heredé la
consciencia de cuán necesario es ello, sobre todo en cualquier actividad
creativa. Mi adolescencia digamos que sufrió todos los avatares de una
adolescencia que podría llamarse "descarriada", pero que yo llamo
libre y cargada de lecciones de vida. Dichos avatares van desde sexo, drogas y
rock and roll, hasta centros de rehabilitación, sexo promiscuo en baños de
bares, mil estampas de las madrugadas y los bajos fondos de nuestras cabeceras
departamentales, y un enorme bagaje de errores en los que en mi vida posterior
no volvería a caer.
Mi disciplina es más del caos, que del cosmos,
más del desorden que del rigor, más dionisiaca que apolínea, sin embargo, en
los peores momentos, mis madre siempre estuvo apoyándome, inclaudicable, a tal
punto que cuando yo decidí que me iba a dedicar por completo a escribir, ella
se ofreció a pasarme una cantidad mensual de plata para que yo pudiera, por un
año, dedicarme a escribir. Ella trabaja en el mundo de las finanzas, pero
extrañamente tiene un sentido muy profundo de respeto hacia el trabajo
creativo.
Gracias a ella he logrado, de forma tardía,
incorporar al menos una leve estructura de orden a mi caos. Es una mujer
admirable e incondicional, con quien tengo una deuda impagable. Gracias a esa
pensión de un año, logré también escribir mi primer libro.
¿Podrías decirme quiénes son tus influencias
literarias?
¿En este
momento?
No, tus primeras influencias.
Mis influencias cuando empecé a
escribir fueron tres: Ernesto Sábato, pero sobre todo "Sobre Héroes y
Tumbas" y "Abbadón el Exterminador", "Historia de Cronopios
y Famas" y "Un tal Lucas" de Cortázar, y "El Aleph",
de Borges. Posteriormente descubrí autores que marcaron mucho mi obra, pero
sobre todo, mi manera de vivir y entender la literatura, ellos son, entre
muchos otros, Roberto Bolaño, James Joyce, William Faulkner, Rimbaud, Octavio
Paz, Joaquín Pasos, Shakespeare, Goethe, Cervantes; actualmente mis lecturas
son otras, mis intereses se han alejado de su punto de partida, pero hay tres
que se mantienen inmaculados en la cima del Olimpo, y a quienes me gusta llamar
mi Santísima Trinidad Narrativa, a saber: Bolaño hijo, Borges padre y Joyce
espíritu santo.
He sabido de tu pasión por Roberto
Bolaño, ¿cuánto es la influencia de él en tus relatos?
En mi libro
anterior, casi ninguna, porque cuando terminé de escribirlo apenas acababa de
caer a mis manos 2666, que fue la primera novela de él que leí. En este segundo
libro que estoy preparando, quizá la influencia sea un poco menos explícita,
porque cuando admiro mucho a un escritor procuro que su influencia no sea tan
contaminante en mi obra. Creo que el diálogo de un escritor con sus influencias
es un proceso un poco complejo; un mal escritor imita a sus influencias... lo
que uno debe hacer es cuestionarlas, partir de ellas para alcanzar sus propias
búsquedas, de otra forma uno se vuelve ni siquiera un clon, sino una pelota de
pus que se adhiere a la obra del autor que te influyó. Disfruto mucho de las
páginas de Bolaño, pero lo que realmente me influye es lo que está detrás de
esas páginas, es decir, la forma en que un hombre excepcional vive la
literatura en una época donde la apuesta sería a todo lo contrario.
Y de los escritores nicaragüenses,
¿ninguno ha influido en vos?
Joaquín Pasos,
sobre todo sus "Poemas Indios", y "El Canto de Guerra de las
Cosas", Lizandro Chávez, inevitablemente, Rodrigo Peñalba, con Holanda,
Jazmina Caballero, Carlos Fonseca Grigsby, Carlos Martínez Rivas, Chuno
Blandón, pero quizá, por sobre todos, Ernesto Cardenal.
Es una buena lista, hablemos de tu libro, El patio de los murciélagos,
¿quiénes son los personajes de tus relatos?, ¿cómo es su vida?
Yo soy el
personaje de mis relatos, pasado por un prisma.
¿Hay algo de historiografía en tus textos?
¿En "El
patio"?, sí, mucho, pero una historiografía antojadiza y personal, bajo la
premisa borgeana de "ficcionar en esos puntos de la historia donde el
tiempo y el espacio están los suficientemente oscuros", así uno tiene más
libertad.
Antojadiza o no, es historiografía, tus personas viven en mundos bajos, son
aquellos que día a día sufren, pero que pocos autores nicas son capaces de tocar
en sus textos. ¿Porqué buscar este tipo de personajes?
Porque me
parecen que constituyen el epicentro de la parálisis general que vive nuestro
país, que son la continuación exacta de nuestra historia reciente, a la que
nadie quiere ver; me parece que gran parte de los habitantes de este país son
muertos que simplemente no murieron en nuestras guerras, son como zombis que
andan como autómatas sin querer ver nada y sin que nadie los quiera ver, es ahí
donde pienso que hay que poner la vista, donde por dolor o cobardía la
apartamos.
¿Es ahí donde apunta la narrativa joven, a ver lo que
los demás no quieren ver? ¿o solo vos escribís sobre estos seres?
No puedo hablar por otros autores
contemporáneos. La narrativa actual en Nicaragua se está gestando y tengo mucha
fe en que nos llevaremos buenas sorpresas, pero creo que todavía no hay una
producción narrativa tan palpable como para definir su rumbo. Sí te puedo decir
que encuentro mucha afinidad en las búsquedas de autores como Roberto Carlos
Pérez, Luis Topogenario, Javier González Blandino, Manuel Membreño, Carlos-M.
Castro, Junior Martínez, sobre todo este último, quien considero es el mejor y
más desconocido narrador de esta generación.
Desconocido es una palabra bastante acertada, pues de los otros sí he
sabido, sigamos... ¿Podría decirse que lo tuyo es retratar la realidad cotidiana,
y muchas veces de periferia, una especie de hiperrealismo?
No, todo lo
contrario, yo busco los espacios donde la realidad cede a la ficción, o donde
la realidad supera a la ficción; las imágenes y descripciones de mi relato se
acercan más a la descripción psicodélica, al acercamiento psicótico y
alucinante a la realidad, es un realismo más sincero, porque toma la realidad
como lo que es, una suma de subjetividades. Es un gran error para un narrador
pensar en la realidad como algo objetivo y bien definido. Yo no describo la
realidad, sino que describo el filtro subjetivo por el que la realidad me
lleva.
En la realidad
me apoyo, únicamente, para metaforizar y conservar un referente común a los
lectores, de otra forma mis relatos serían un caos onírico como 4.4.54, el
último relato de mi primer libro, quisiera pensar que tiendo más hacia el
relato fantástico.
4.4.54, sé que es la Rebelión de Abril, ¿esa es una
fecha muy especial en tu familia, o solo en vos?
En la familia de parte de mi padre, sí, lo
era. Mi padre era el último hermano con vida de 4 hijos de Báez Bone, entonces
digamos que ahora sí, es importante solo para mí.
¿Porquè el titulo "El patio de los
murciélagos"?
Básicamente porque mientras escribí ese libro,
mi única compañía de convivencia era un enjambre de murciélagos que se batía en
el cielo raso del lugar donde vivía, así que como un pequeño homenaje a esos
seres repugnantes, que por cierto me provocan pavor. El patio de la casa de mi
papa es un lugar especial y mítico en mi vida.
Para muchos, tus
personajes pueden llegar hasta ese punto, a ser seres repugnantes, ¿o no lo
crees así?
¿En
qué personaje estás pensando, por ejemplo?
Tal vez Ambrosio Esteban y
compañía…
Ah, sí, no sé si son despreciables, no
suelo usar esas categorías morales, o las evito, pero sí te puedo decir que son
reales, ninguna invención mía.
Realidad- real,
¡qué bien!
Sobre ese asunto en particular, te remitiría a un
ensayo que escribió Ileana Rodríguez sobre ese cuento, que se llama
"Juventud y abyección: imaginarios post-insurgentes", ella responde
mejor que yo tu pregunta.
Lo leeré. Para
terminar, Luis, ¿qué podemos esperan en tus nuevos textos?
Mis peores y más últimos fantasmas y dolores,
disfrazados de literatura amena.
*Maynor Xavier
Cruz
(1988). Chagüitillo-Matagalpa. Licenciado en Comunicación Social. Miembro del
grupo literario Conciliábulo. Escribe cuentos y poesía.
![]() |
| Luis Báez. Foto de Gloria Ruiz. |

No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Opiniones, reclamos, sugerencias, peticiones...