Voces Nocturnas (I)
[Acerca del colectivo de autores que integré a los 19 años].
| Ilustración de Carlos Manuel Ortells para la portada de un número de Voces Nocturnas. |
No buscábamos fama,
no buscábamos gloria, tampoco queríamos cambiar nada, aunque sí tratamos de
hacer las cosas algo diferentes. En primer lugar, dedicarnos a lo nuestro:
crear literatura de la mejor manera que entonces sabíamos, escribiendo «con
tinta de arteria» (Martz dixit). E interpretando a quienes habían llegado antes
que nosotros. Voces Nocturnas fue un colectivo de autores jóvenes, frisando en
su mayoría los 20 años, que en 2007 eclosionó gracias a eventos públicos como
recitales, la aparición en junio de ese año en las páginas de la recordada
Prensa Literaria y la publicación de un órgano de difusión (Voces Nocturnas. Revista Nicaragüense
Artesanal de Literatura y Arte // Siglo XXI). La historia va más o menos
así:
José López Vásquez
era un muchacho inquieto que por razones desconocidas y poco comprensibles se
inscribió en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) de Nicaragua para
estudiar Ingeniería Industrial a partir de 2005. Ya venía herido por el aguijón
de la poesía. Al poco tiempo ingresó en los talleres literarios de Iván
Uriarte, el poeta y crítico que fue miembro de la Generación Traicionada en los
años sesenta nicaragüenses y que en 1999 había ganado el Premio Nacional de
Poesía Rubén Darío. López Vásquez también visitaba la casa de Edgard Escobar
Barba en un kilómetro perdido de la Carretera a Masaya, donde otros jóvenes
iban a discutir asuntos librescos y vulgaridades por el estilo con el
mesoamericano. Fue en la universidad que conocí a José, precisamente en los talleres
de Uriarte, que eran una suerte de partidos de macho parado, donde el más
distraído terminaba siempre con chichote en su mollera de aspirante a poeta.
Fue José quien nos presentó a mí y a otros estudiantes de ingeniería con Mario
Martínez Balmaceda, que ya para entonces, entre finales de 2006 e inicios de
2007, se hacía llamar Mario Martz D’León, rechazando su primer apellido por
coincidir su nombre con el de otro escritor nacional perdido entre las páginas
de la historiografía patria.
Mario era estudiante
de Banca y Finanzas en la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), que era
vecina de nuestro campus, el Recinto Universitario Pedro Arauz Palacios (Rupap),
y tenía también cierto kilometraje en asuntos de letras. Pertenecía o había
pertenecido a un grupo literario de su universidad y la tarde que fuimos
presentados con él por José, en un parquecito de la Upoli, luego de precisarnos
que había conocido a este en la casa de Barba, a donde iríamos luego como
colectivo un par de ocasiones y con quien nos involucraríamos en la realización
de no sé qué encuentro de jóvenes
creadores, nos propuso la conformación de un colectivo literario que se
llamaría Voces Nocturnas y publicaría una revista, del mismo nombre, con una
página web que sería sencillo poner en línea. El cuadro estaba rayado y Mario
Martz solo necesitaba convocar jugadores para gritar play ball!
La alineación
inicial era: Mario Martz D’León, José López Vásquez, Carlos M-Castro, Delena
Arias y Regina Gómez, en cuya casa, en Jardines de Veracruz, nos reuníamos a
planear nuestras acciones colectivas y a presumir nuestros respectivos textos,
que eran discutidos por los asistentes, además de intercambiar recomendaciones
de libros indispensables para ser leídos en la mayor brevedad posible por todos
los interesados. A esas reuniones llevé una vez a Ernesto Arana, amigo mío de
infancia que en su vida había pensado jamás en literatura y que estudiaba
casualmente también en la UNI-Rupap, Ingeniería en Sistemas, y se terminó
convirtiendo en poeta y diagramador de la revista que publicaríamos meses
después. Al poco tiempo también Ninoru Amisaca jugaba en nuestro equipo. La
última adquisición, previa objeción de Mario, que para entonces era el Director
del grupo y de la revista, fue Enrique Delgadillo Lacayo, amigo de aquel y
también leonés, que estudiaba Derecho en la Universidad Centroamericana (UCA).
La revista, que
sobrevivió cinco números, era editada por mí y tenía una escasa distribución.
En ella empezamos publicando seis secciones fijas: Editorial, Apuntes,
Creaciones, Cro-Nica, Estantería y Voces Intempóreas, que era dedicada a un
autor admirado por nosotros (Leopoldo María Panero, Álvaro Urtecho, Joaquín
Pasos, Carlos Martínez Rivas y Lizandro Chávez Alfaro, en ese orden
cronológico); Cro-Nica no sobrevivió mi censura y fue retirada en el segundo o
tercer número. La estructura de Voces
Nocturnas había sido inspirada a Mario por la de una revista que publicaba
Franz Galich, llamada (creo) Ángel Pobre.
De alguna manera elnocturnodiurno(.com) está emparentada con esa primera iniciativa editorial. Quizá podríamos decir
que Voces Nocturnas es la tía loca de
elnocturnodiurno(.com), que un día
salió de casa sin dar aviso a nadie y jamás volvió. Regresaré cuando deba
hacerlo, me ha dicho en sueños.
De los miembros
originales del colectivo, cuatro han publicado al menos un libro (Delena Arias:
Última balada antes del silencio;
José López Vásquez: El Mesías no volverá
a nacer e Infierno erótico; Mario
Martz: Viaje al reino de los tristes;
y Carlos M-Castro: Antropología del poema),
Enrique Delgadillo tiene listo un poemario para ser publicado en cualquier
momento y Ninoru Amisaca trabaja con los organizadores del Festival
Internacional de Poesía de Granada, aunque aparentemente se ha alejado de la
creación literaria. Solo Ernesto Arana se desligó por completo de las letras,
quizá el más inteligente de todos.
Voces Nocturnas fue
de algún modo nuestro CDI (Centro de Desarrollo Infantil), donde nos
enfrentamos a la decisión que toda persona que se interesa como creador en la
literatura debe encarar en algún momento de su vida: saltar o no saltar al
vacío. Por mi parte, yo digo: adelante, el golpe avisa.
Rubenia
22VII2k12
22VII2k12
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